jueves, 22 de diciembre de 2011

Pero, si en mi casa yo no hago nada...

Eso le dijo Ignacio a su terapista, con la mayor frescura, debido a que ella le pide hacer "muchas" tareas. Cuando me lo comentó, me quedé de una pieza, no porque me sorprendiera que mi hijo se expresara de esa manera, sino por la percepción que tenía de las pequeñas ayudas que realizaba en casa. Mientras la psicóloga me hablaba, en mi mente aparecían las, en realidad, pocas imágenes que tenía de Ignacio asumiendo labores: recoger sus juguetes, poner sus zapatos en el clóset, dejar limpio el lavadero cuando se lava los dientes... no recordaba muchas más.

"Tienes que darle más responsabilidades en casa y usa este término para que él las identifique" porque, claro, al parecer, él sentía que no cumplía con ninguna. Ese mismo día le dije, aprovechando que hace poco ha cumplido 5 años, que los niños de su edad ya tienen que cumplir con más responsabilidades. Su cara se iluminó de emoción: "¡Ya, mami, cuáles son, cuáles son!" me dijo con el entusiasmo e impaciencia que lo caracteriza. Debía aprovechar la inesperada emoción que le había causado el desafío. Le indiqué que lo primero que haría en las mañanas es ir al baño y lavarse la cara. Luego, que se cambiara solo y deje su pijama doblada debajo de su almohada. ¡Mami, dame más responsabilidades! Como está de vacaciones le dije que nos podía ayudar a sacar el polvo de algunos de los muebles de la sala, mientras aspirábamos o limpiábamos las ventanas.

Miraba a Ignacio realizar con tanta alegría las responsabilidades que le había enseñado que traté de pensar en las razones de por qué no se las había planteado antes. Y, ciertamente, no las encontré. Se me escaparon, no las vi, sus rutinas se fueron armando de manera espontánea y el sentido común, para este tema en particular, se escondió. Y, soltando ideas al aire, pienso que quizás fue porque a mí me molestaba mucho que mi mamá me dijera qué hacer en la casa cuando era niña y guardaba resentimientos hacia ella por eso y no quería que mi hijo tuviera esos sentimientos hacia mí. Pero, ni él es igual a mí, por una parte, y por otra, darle responsabilidades a nuestros hijos es parte de ser madre, de enseñarle que debe ocuparse de ciertas cosas, de vivir en comunidad, de apoyarse unos a otros para mantener la armonía.

Ignacio de 10 meses ayudando en casa.

Por la tarde, Ignacio tuvo otras responsabilidades: ayudar a poner la mesa del comedor, llevar su plato al lavadero al terminar de comer, limpiar su  individual y, por la noche, llevar su ropa de cambio después del baño, llevar la ropa sucia a la lavandería, etc.

Todos los días me pide qué nueva responsabilidad hará y debo estar preparada para lanzarle la propuesta: pelar las arverjitas, doblar las medias, ayudarme a tender la cama... ¿alguna me da más sugerencias?

Debo admitir que pensé que darle responsabilidades a mi hijo iba a ser una tarea muy difícil, pero nuevamente la maternidad me sorprende y me demuestra que esta experiencia está llena de momentos inesperados.


5 comentarios:

  1. muy bueno Oli! Lo tendré en cuenta para un poco más adelante ;-)
    Yo si recuerdo algunas de mis responsabilidades... el hacer mi cama y ayudar a mamá a hacer la compra me hacía sentir mayor e importante!
    Abrazos tarea!

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  2. Hermoso relato Oli! Es bien cierto y déjame decirte que diste cuenta muy a tiempo de que podías darle mas responsabilidades a Ignacio, porque algunas mamis, déjame que te cuente Limeña, no quieren que sus hijos hagan el menor esfuerzo, no sabiendo que les están arruinando la vida. Un ejemplo, el de una mami que su hijo ya trabaja y estudia y ella viene a hacerle las tareas al ciber ¡hazme el favor!
    No, no, que bueno que Ignacio reaccionó con tan buen talante, Felicidades!

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  3. Magia, Oli, gracias por la visita ;)

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